miércoles, 18 de agosto de 2010

EFECTOS DE UNA PLANTA DE CELULOSA EN MISIONES

Alto Para­ná (AP) es la empresa forestal más importante de la Argenti­na. Fue creada en 1976 y estu­vo en manos argentinas hasta 1996. La compr6 Arauco, una sociedad anónima radicada en Chile.

Hoy AP tiene un patrimonio de 233.700 hectáreas. Maneja dos viveros, la fábrica de pasta celulósica de Puerto Esperanza, dos aserraderos, una planta de remanufactura y una fábrica de tableros de mediana densidad (MDF). Y asegura que opera se­gún "los estándares más altos del mundo en cuanto a calidad y protección del medio ambiente" .(Ver nota adjunta)

La planta de celulosa de Es­peranza, donde trabajan unos 400 empleados, tiene uno de los sistemas más modernos dentro de la decena de industrias simi­lares que hay en la Argentina. Según Greenpeace, allí se tra­tan los desechos y se produce la pasta, con un sistema parecido al que usarían Botnia y Ence en Fray Bentos, Uruguay Pero un mes atrás, los directivos de la compañía tuvieron que salir a desmentir una denuncia que señalaba que, a pesar de con­tar con mecanismos para tra­tar los efluentes, la fabrica tira los desechos por un conducto clandestino: sin someter los re­siduos industriales al proceso obligatorio. En Chile, también tuvieron problemas. En Valdi­via, la planta de celulosa fue cerrada temporalmente por las autoridades por una larga lista de irregularidades.


La entrada a la planta de pasta de celulosa de AP está a dos kilómetros antes de llegar a Puerto Esperanza. La calle asfaltada sale de la ruta 12. Los camiones pasan cargados de madera de pino. Y suelen tener suerte: no fallan a la hora de esquivar los baches certeros.

Ese mismo recorrido hizo durante 10 años Mario, que no se llama así pero que solo esta dispuesto a hablar si se mantie­ne su identidad en reserva. Es técnico químico y trabajó en la planta. "AP no hace nada por­que el Gobierno se lo permite y porque nosotros, que vivimos acá, también se lo permitimos. Todos dependen de la empresa. Es difícil. La empresa no nece­sita vigilancia, la propia gente cuida su pellejo", relata.

Mario ya recuperó la voz. Ase­gura que mientras trabajó en la fábrica tenía enfermedades re­currentes: fiebre, congestiones, y la voz, que se le iba.

La fábrica está bien resguar­dada. No se puede llegar por el camino: barreras y hombres de seguridad custodian la entrada. Y tampoco por ningún otro lu­gar. Hace un tiempo cerraron el camino de tierra que bajaba hasta el Paraná. Si una lancha se acerca por el río, es difícil que tenga suerte: también allí está todo bajo control.

Por si acaso, AP lleva adelante su campaña. Los carteles en las entradas de sus terrenos juran lealtad al ecosistema: "Nada es tan importante ni tan urgente que no pueda ser hecho con seguridad y cuidando el medio ambiente". Desde el aire, sin embargo, se puede ver la descarga negra que la planta tira al Paraná. Y también que esa descarga está río abajo.Dicen que si la fábrica tuviera la descarga de efluentes río arriba, y la toma de agua río abajo, el agua contaminada­ volvería a entrar a la planta y la empresa se vería obligada a purificarla.

“Así es el diseño en la planta de celulosa de Porto Alegre”, dice Mario.

La contaminación no solo se olfatea en el aire y multiplica sospechas en los centros de salud. En pleno monte misionero, no hay pájaros, Y a esta altura del Paraná tampoco hay peces. Las naranjas y pomelos, que antes crecían grandes y jugosos, ahora son frutas chicas que pa­recen deshidratadas. Todo eso pasa a pocos kilómetros del Par­que Nacional Iguazú, uno de los ecosistemas mas asombrosos de la Tierra. Así y todo, no hay es­tudios ambientales para hablar de las consecuencias de la insta­lación de la planta de celulosa y de las miles de hectáreas planta­das con pino. Omar Rodriguez, el intendente de Puerto Liber­tad, lo explica: "Lo concreto es que las autoridades de aplica­ción del control ambiental nun­ca exhibieron los resultados de un estudio ambiental. Nunca un tecnico del Ministerio de Ecología o del Ministerio de Salud de Misiones salio a responder a nuestras quejas con datos con­cretos. Desde todos los sectores hay reclamos, pero nunca dicen nada". (Ver nota adjunta)

Rodriguez también confirma la plaga de enfermedades. "Nos llama la atención la cantidad de gente que hay con cáncer; con enfermedades en la piel y respi­ratorias. Y hay muchos con mal­formaciones congénitas. Todo eso hace sospechar que hay algo raro en el ambiente." El inten­dente sabe de lo que habla: su hija es medicada para combatir problemas respiratorios.

Miguel Villalba, de Wanda, hace años lleva a cuestas un tratamiento para que su hija Be­renice pueda respirar. Los medi­camentos son caros y cuestan 500 pesos por mes. La suerte de Miguel, en todo caso, tiene dos pilares: forma parte de la pequeñísima clase media de la zona (en Puerto Libertad, el 95 por ciento es pobre) y tiene un her­mano alergista que le consigue los remedios a un precio muy inferior. Miguel agrega un dato fundamental: la plantación que alimenta la fábrica de celulosa.. "Los subcontratistas deAP usan veneno en las plantaciones para eliminar las malas hierbas y que los pinos crezcan rápido. Eso también contamina", explica.

En la zona neurálgica del ne­gocio de Alto Paraná, la gente habla mal de la compañia fores­tal. Pero, igual, todos, a su mo­do, tratan de llamar la atención. E intentan aprovechar el mo­mento, justo ahora que en Fray Bentos y en Gualeguaychú se discute sobre eso que ellos ya saben de memoria.

En el puesto de Gendarmería mas cercana a la planta de celulosa de Puerto Esperanza, , con el temible olor de fondo y los ojos irritados, un suboficial ha­bla por todos: "Escucho hablar mucho de Entre Ríos y de Uru­guay. Seria bueno que alguien se acuerde de lo que pasa acá, en Misiones"

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